AFTR Revista
La saturación era perfecta. El paciente no.
La saturación era de cien por ciento, cuando me preguntaron cómo estaba la oxigenación, respondí casi de manera automática, con la seguridad que durante años me dio un número en la pantalla.
—Bien.
Después miré al paciente. La piel estaba fría. Las extremidades comenzaban a motearse. La presión se mantenía gracias a vasopresores, la diuresis disminuía, el lactato seguía elevado y la hemoglobina había descendido.
La saturación era perfecta. El paciente no.
En ese momento entendí que había respondido una pregunta distinta a la que realmente me habían hecho. Me preguntaron por la oxigenación del paciente, y yo respondí hablando del oxígeno en la sangre arterial, como si ambas cosas fueran lo mismo.
No lo son.
La hipoxemia describe una disminución del oxígeno en la sangre arterial. La hipoxia significa que los tejidos no están recibiendo —o no pueden utilizar— el oxígeno que necesitan para funcionar. Se relacionan, pero una no demuestra necesariamente la otra: un paciente puede mostrar una saturación tranquilizadora y, aun así, no estar entregando suficiente oxígeno a sus tejidos. Y ese suele ser uno de los escenarios más peligrosos, porque el monitor no protesta.
La saturación nos dice qué porcentaje de la hemoglobina está ocupado por oxígeno. No nos dice cuánta hemoglobina tiene el paciente, ni si ese oxígeno está llegando a donde debe. Dos pacientes con una SpO₂ del 98 % pueden transportar cantidades muy diferentes de oxígeno.
Es como una carretera: todos los automóviles pueden ir llenos, pero si circulan muy pocos, seguirán faltando pasajeros por transportar. Por eso aumentar la FiO₂ cuando la saturación ya es adecuada muchas veces no resuelve nada: mejora una cifra que ya estaba bien, mientras el transporte, la perfusión o el gasto cardíaco continúan deteriorándose.
El monitor muestra el resultado. No siempre muestra el precio.
Con los años entendí que el valor del Terapeuta Respiratorio no termina cuando el oxígeno cruza el alvéolo. Nuestro trabajo empieza al preguntarnos qué ocurre después: ¿ese oxígeno se está transportando?, ¿está llegando a los tejidos?, ¿lo están usando las células? Porque una buena saturación no garantiza una buena oxigenación tisular. Solo describe una parte del proceso. Y cuando olvidamos todo lo que ocurre después del alvéolo, corremos el riesgo de tranquilizarnos con un número mientras el paciente se deteriora frente a nosotros.
Hubo un tiempo en que yo también habría mirado primero la saturación. Hoy intento mirar primero al paciente. Porque aprendí que las mejores decisiones clínicas rara vez nacen del monitor: nacen cuando entendemos la fisiología que el monitor no puede mostrar.
La saturación era de cien por ciento. El paciente seguía necesitando oxígeno.
No en su sangre. En sus tejidos.
¿En qué momento aprendimos a creer que una saturación normal significa, necesariamente, que el paciente está bien?
Juan Carlos Pérez González TRC
Fundador y Director Ejecutivo · AFTR
Co-Fundador y Presidente · FELATERE
Coordinador de Exámenes de Certificación · CLACPTER México

Esta es la Reflexión 2 del libro Pensar la Terapia Respiratoria.
Una obra sobre cómo pensamos frente al paciente. Edición numerada y firmada por el autor: $450 MXN más envío.